miércoles, 31 de marzo de 2010

Jesús nunca se creyó el mesías


La idea que tenemos sobre lo que Jesús dijo acerca de su segunda venida es errónea. Según los investigadores más independientes, cuando se refirió al retorno del Mesías en ningún momento insinuó que se tratara de sí mismo. ¿Cómo hemos llegado entonces a tener una visión tan distorsionada de una cuestión tan crucial para los cristianos? ¿Sabremos alguna vez quién es aquel que habrá de juzgar a los justos y a los pecadores?

JESÚS NUNCA SE CREYÓ EL MESÍAS

Especial de Semana Santa
FUENTE: Revista española MAS ALLA Nº 230.


Imagen IPB




Si se leen lisa y llanamente los Evangelios y se reflexiona sobre lo que dicen acerca del fin del mundo, se obtiene una imagen más o menos precisa del mismo, cuyos rasgos generales son los siguientes: Jesús de Nazaret es el Mesías, muerto y resucitado, que se tituló a sí mismo “el Hijo del Hombre”, que predijo por lo menos en tres ocasiones su muerte y resurrección y que habrá de venir al final de los tiempos como juez supremo de vivos y muertos. Durante su estancia en Jerusalén en la última semana de su vida, Jesús pronunció un largo discurso en el que vaticinó cuáles serían las señales que acompañarían al final de los tiempos (Marcos 13). Y en otras ocasiones –por ejemplo, durante el juicio sumarísimo al que fue sometido por las autoridades judías– anunció cómo, tras su muerte, estaría sentado a la diestra del Padre y vendría cabalgando sobre las nubes para juzgar a vivos y muertos en el gran Juicio Final (Marcos 14,62).

El resto de los escritores del Nuevo Testamento está totalmente de acuerdo con esta escena y con esta espera, unos más vivamente que otros, de la venida de Jesús como juez. Pablo de Tarso lo expresa con claridad muchas veces, por ejemplo en la Primera a los corintios (15,23): “Todos resucitaremos, pero por orden; primero resucitó Cristo, que es la primicia, y luego los que son de él, cuando [llegue el momento] de su venida”. Especialmente clara es esta doctrina en su Primera carta a los tesalonicenses (3,13): “Para que se afirmen vuestros corazones (...) en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”. Cómo vendrá Cristo y cómo los fieles aún vivos, entre ellos el mismo Pablo, saldrán a su encuentro en las nubes queda reflejado con toda claridad en la citada carta, en 4,15-5,1. Lo mismo hay que decir de los discípulos de Pablo, uno de los cuales es el autor de la Segunda epístola a los tesalonicenses (que no es ciertamente del apóstol, sino de uno de sus seguidores, que se atreve a corregirle en algunos puntos). Un par de ejemplos tan sólo: “Respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él (...)no os conturbéis (...) en el sentido de que el día del Señor [es decir, su venida] está cerca” (2,1).

La creencia es la misma, pero, al contrario que el Pablo genuino, el autor no piensa que esa venida esté casi al alcance de la mano. Por su parte, el artífice de la Epístola a los hebreos (que tampoco es de Pablo, sino de alguien más o menos cercano a él) afirma: “Cristo fue ofrecido [en sacrificio] una sola vez por los pecados del mundo, y se aparecerá por segunda vez, esta vez sin relación con el pecado, para salvar a los que lo esperan”. En obras tardías del Nuevo Testamento, otros autores cristianos, como el responsable de la Epístola de Santiago (también desconocido, a pesar del nombre), hablan de la segunda venida: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor”. Hay que destacar que, aunque en alguna rara ocasión los autores del Nuevo Testamento mencionan la segunda venida, no se refieren propiamente a una segunda llegada de Jesús tal como era éste en su vida mortal, sino a un Jesús totalmente transformado por Dios y pleno de poderes después de su resurrección. En la primera venida apareció el Jesús carnal, quien, debido a la incredulidad de los judíos, no logró llevar a cabo su misión como Mesías; en la segunda aparecerá transformado en Cristo, el Mesías en su plenitud, con poderes absolutamente irresistibles para cumplir su cometido. El culmen de su tarea será el último juicio, el Juicio Final. Por tanto, no se debe hablar de una primera y una segunda venida de Jesús, sino de una primera venida de Jesús y de una segunda venida de Cristo o, si se quiere, de Jesucristo transformado.



• UN ESCENARIO TERRIBLE

Conforme a la mentalidad judía del momento, todos los autores del Nuevo Testamento (que son judíos, tanto los evangelistas como otros) se imaginan la venida del Cristo triunfante en un cuadro tremendo en el que no faltan los dolores del mundo. El terrible “día del Señor”, otra expresión para ese momento, contempla ya desde el siglo II a.C. con el Libro de Daniel una pelea en el cielo entre ángeles y demonios y la derrota total de estos últimos. Un escenario que prefigura lo que va a ocurrir en la Tierra: todos los pueblos gentiles se aprestarán para la guerra contra los seguidores del Mesías, pero serán derrotados. Antes de esta batalla final ejercitarán sus armas unos contra otros en innumerables guerras con gran derramamiento de sangre. Paralelamente, en el cielo operarán fenómenos parecidos: los astros chocarán entre sí y se producirán catástrofes cósmicas, que a su vez tendrán reflejo en la Tierra, la cual padecerá toda clase de males: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre: esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento [del día del Mesías]”. “¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días! (...) Porque aquellos días habrá una tribulación cual no la hubo desde el principio de la creación, que hizo Dios, hasta el presente, ni la volverá a haber” (Marcos 13,8. 17-18).


• EL GRAN JUICIO FINAL

Entonces se producirá la venida del Hijo del Hombre. Marcos la describe así: “Mas por esos días, después de aquella tribulación, el Sol se oscurecerá, la Luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo” (Marcos 13,24-27). El Evangelio de Mateo precisa aún más la escena: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis(...)’ Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer o sediento y te dimos de beber?’ (...). Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicisteis’. Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer (...)’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna”. Para Mateo, evidentemente, el Hijo del Hombre es Jesús (25,31-46).


• ¿UNO O VARIOS MESÍAS?

Los historiadores independientes del cristianismo primitivo no dudan que el Jesús histórico pensaba que el fin del mundo iba a ser más o menos de este modo. Es decir, suscribiría al cien por cien lo que hemos descrito hasta el momento. Sin embargo, no están en absoluto seguros de que este mismo Jesús pensara que “el Hijo del hombre” que vendría a juzgarnos iba a ser él mismo. Opinan, por el contrario, que si bien es cierto que sí creyó ser el heraldo de la venida del reino de Dios, al hablar del Mesías, del “Hijo del Hombre”, no se refería a sí mismo, sino a una especie de “ayudante” de Dios para los momentos finales. Probablemente esta afirmación resultará muy extraña para la mayoría, pero se corresponde mucho más con la verdad histórica, según los investigadores más independientes. Entonces, si elprotagonista de la segunda venida no es Jesús y si ni tan siquiera él lo creía así, ¿quién es? En realidad no lo sabemos. Hay que buscar la respuesta en los textos judíos de la época que muestran concepciones parecidas. Pero ahí varían las opiniones, porque los libros judíos más o menos contemporáneos de los Evangelios que albergan creencias similares –el Apocalipsis de Baruc, el Libro IV de Esdras, el Libro de las Parábolas de Henoc y, un par de siglos antes, el Libro de Daniel– mantienen posturas divergentes sobre la identidad del Mesías.

• ¿“HIJO DE HOMBRE” O “EL HIJO DEL HOMBRE”?

Pero ¿cómo llega el cristianismo primitivo a interpretar a Jesús como “el Hijo del Hombre” futuro? No es fácil dar una respuesta. Lo que está claro es que, partiendo de la firme creencia de que el Maestro ha sido resucitado por Dios, toda la Teología cristiana primitiva reinterpreta la figura del Jesús terrenoidealizándola, sublimándola y, en último término, divinizándola. Dentro de este proceso, que se denomina técnicamente de “exaltación”, se incardina el que ahora estamos considerando. Los pasos pudieron ser los siguientes:
1.- Probablemente se partió de una premisa clara y comprobable históricamente: para autodenominarse y aludir modestamente a sí mismo, Jesús empleó esta enigmática frase: “Este hombre que está aquíy os habla”. Esto es algo de lo que no cabe duda, pues aparece atestiguado en muchas ocasiones en los Evangelios y era un uso de la lengua arameade su época, aunque poco frecuente. Ejemplo: Marcos 2,28.
2.- Jesús, influido por y de acuerdo con la tradición del Libro de Daniel, habló de una figura humana, un “Hijode Hombre” que habría de venir ennombre de Dios como juez de vivos y muertos. Ejemplo: Marcos 8,38.
3.- Cuando los dichos de Jesús se tradujeron del arameo al griego por necesidades del proceso misionero se cometió un error de traducción que tuvo graves consecuencias. En vez de “Hijo de Hombre” (sin artículo alguno) se tradujo “el Hijo del Hombre” (con dos artículos). Esto llevó a pensar que la frase –poco inteligible para un griego corriente– significaba no un hombre corriente, sino uno con características especiales.
4.- La errónea traducción al griego condujo muy pronto a relacionar la expresión “el Hijo del Hombre” con la misteriosa figura del “Hijo de Hombre” del Libro de Daniel (7,13). Este personaje apocalíptico, que desciende a la Tierra desde el cielo para recibir en ella “el imperio, el honor y el reino”, es decir, para implantar el reino de Dios, tiene en común con el Jesús de la Historia el hecho de que el núcleo central de la predicación de éste era precisamente la venida del reino de Dios.
5.- Después de haberse extendido entre los seguidores de Jesús la firme creencia en la resurrección de éste, los maestros cristianos primitivos afirmaron que Jesús, como Mesías especial e “Hijo del hombre” (¡él mismo había utilizado la expresión!), habría de venir sobre las nubes del cielo (Dn 7,13)... naturalmente para juzgar a todas las naciones, como se deduce de la continuación de este versículo en el mismo pasaje del Libro de Daniel.
6.- Este paso teológico se observa en dos pasajes de los Hechos de los Apóstoles. Según Lucas, en el momento en el que los judíos lo estaban apedreando precisamente por formular una teología nueva y peligrosa que exaltaba en demasía a Jesús, el diácono Esteban exclamó: “He aquí que veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios”. Esta frase implicaba ya una unión de la figura de Jesús con el “Hijo de Hombre” citado en el Libro de Daniel. La misma idea se complementa con la función de juez futuro que le atribuye Pedro en un discurso en Cesarea ante paganos: “Dios nos ha mandado que predicáramos al pueblo y que testificáramos que Él, Dios, lo ha puesto como juez de vivos y muertos”.
7.- Con esta creencia, los profetas cristianos, que estaban convencidos de que el fin del mundo estaba muy cerca y de que Jesús como Cristo habría de venir en seguida a implantar el reino de Dios, hablaron en nombre del Maestro en primera persona, anunciando que había que creer en él si se quería escapar del castigo en el final de los días. Por ejemplo, algo parecido a: “Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo”.
8.- Después, los oráculos de estos profetas pronunciados en nombre de Jesús pasaron a la tradición que recogía las palabras de éste como si los hubiera dicho realmente Jesús en su vida terrena.
9.- Finalmente, el evangelista Marcos los reunió y mezcló en su obra, que fue copiada por Lucas y Mateo. De este modo la expresión “Hijo de Hombre” pasó de ser una modesta designación de Jesús sobre sí mismo a convertirse en un título mesiánico –“el Hijo del Hombre”– con características especiales: precisamente las que le atribuye el Libro de Daniel como juez final de vivos y muertos.
10.- Fue entonces cuando se reinterpretaron los dichos del Jesús histórico que contenían esa expresión neutra y modesta añadiéndoseles –por obra de profetas cristianos– otros que anunciaban, como si fuesen profecías anteriores, lo que ya era sabido: la muerte y la resurrección. Créase o no, la hipótesis expuesta anteriormente es la que, con más o menos variantes, manejan los inves- tigadores independientes.

• JESÚS NO ES EL JUEZ DEL JUICIO FINAL

Curiosamente, en la tradición evangélica que ha llegado hasta nosotros, los dichos de Jesús que hablan de su pasión, muerte y resurrección como “el Hijo del hombre” no se mezclan jamás con los que se refieren a su función como juez final. Es decir, los vaticinios de la pasión nunca hablan de la parusía/segunda venida, y viceversa. La historiografía crítica ha deducido de este hecho que en un principio las dos clases de dichos fueron independientes. Por tanto, cuando Jesús pronunció ciertas afirmaciones sobre un “Hijo de Hombre” como juez trascendente y final, se refería a un personaje que no era él mismo. Un ejemplo claro de la distinción es Marcos 8,38: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”. Estas distinciones entre los dichos sobre “el Hijo del Hombre” y los juicios históricos sobre ellos, tan contrarias a lo que se deduce de una mera lectura de los Evangelios, son un producto de la crítica. Los Evangelios sinópticos no hacen distinción alguna entre estas tres clases de dichos (los símbolos de modestia, los que tratan de la pasión y la resurrección y los que hablan del Juicio Final) y el lector sencillo tampoco, adscribiéndolos, erróneamente, al Jesús histórico. Porque muy probablemente no fue así. En conclusión, en la doctrina cristiana sobre la segunda venida del Mesías como juez de vivos y muertos el cristianismo primitivo se muestra muy afín a lo que pensaba el judaísmo antes y después de la muerte de Jesús. La única novedad es que adjudica a éste –equivocadamente, como hemos visto– la función de juez final una vez que se hace firme la creencia en su resurrección, atribuyéndole también el papel del Mesías. Pero muy probablemente éste no fue el pensamiento del Jesús histórico. Los Evangelios apócrifos no aportan nada nuevo respecto a esta doctrina.

• EL JUICIO FINAL: ASÍ LO RELATA EL APOCALIPSIS

El Apocalipsis describe así el Juicio Final: “Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado sobre él. El cielo y la tierra huyeron de su presencia sin dejar rastro. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego (este lago de fuego es la muerte segunda), y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego” (20,11-15).

• LA IDENTIDAD DEL MESÍAS SEGÚN...

Los textos judíos contemporáneos a los Evangelios no coinciden a la hora de identificar al Mesías:
El Libro de Daniel (capítulo 7) se refiere a una figura indeterminada y confusa, un ayudante de la Divinidad con forma de hombre que está al lado del trono de Dios.
El Libro de las Parábolas de Henoc (en la actualidad incorporado como capítulos 37-71 al actual Libro I de Henoc) identifica al Mesías con el profeta Henoc, “el séptimo varón después de Adán”, un ser semidivinizado que también está sentado a la derecha de Dios y que tiene poderes especiales para implantar el reinado de éste sobre la Tierra.
El Libro IV de Esdras habla de un ser humano misterioso: una figura como de hombre que sale del corazón del mar.
El Apocalipsis de Baruc hace referencia a un hombre normal, pero con atributos de guerrero fuerte y despiadado con los malvados (capítulos 29 y 30).


• LA SEGUNDA VENIDA... EN LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS

¿Qué dicen los Evangelios apócrifos de la segunda venida de Jesús? En realidad, muy poco, y además en la línea de los Evangelios canónicos, lo que es una prueba más de que estos textos no suelen ser fuentes independientes y fiables para reconstruir al Jesús histórico. Por tanto, o bien admiten el cuadro cristiano primitivo, tradicional, para la segunda venida –incluidos algunos textos de Nag Hammadi como el Apocalipsis de Pedro (78,25): “Los malos operarios serán arrojados a las tinieblas exteriores lejos de los hijos de la luz. Pues ni ellos entrarán [en la luz] ni tampoco lo permiten a otros para recibir la liberación”–, o bien la interpretan en un sentido gnóstico. Sólo presentamos tres ejemplos:

- El Evangelio de Tomás copto hace referencia, en su logion 3, a la creencia común cristiana en la parusía: “Jesús dijo: Si os dicen vuestros guías: mirad, el Reino está en el cielo, entonces los pájaros del cielo os prece derán. Si os dicen: está en el mar, entonces los peces os precederán. Pero el Reino está dentro de vosotros y está fuera de vosotros. Cuando os lleguéis a conocer, entonces seréis conocidos y sabréis que vosotros sois los hijos del Padre Viviente. Pero si voso tros no os conocéis, entonces vosotros estáis en pobreza y vosotros sois la pobreza”. Este dicho atribuido a Jesús es una negación de la doctrina común cristiana de acuerdo con los principios gnósticos. El gnosticismo es una mística de introversión que rechaza toda escatología sobre el futuro, en la que no cree.

- El Evangelio de Felipe, también de la colección de textos gnósticos de Nag Hammadi, refleja la creencia en el paraíso (el “descanso”) y alude a una suerte de lugar intermedio, parecido al purgatorio, para las almas no totalmente purificadas. En sí nada dice de la segunda venida del Revelador: “O está [el hombre] en este mundo, o en la resurrección, o en los lugares de la Mediedad (...). En este mundo hay bien y hay mal; sus bienes no son el bien y sus males no son el mal. Pero hay males después de este mundo que son verdaderos males. Mientras estemos en este mundo nos conviene adquirir la resurrección, a fin de que cuando nos despojemos de la carne seamos hallados en el reposo y no hayamos de deambular en la Mediedad –pues numerosos son los que se extravían en el camino–. Pues es bueno salir del mundo antes de haber pecado” (66, 8-25). (La denominada ‘Mediedad’, que para los creyentes normales es el estado intermedio de felicidad, es la muerte para los gnósticos).

- Según relata Ireneo de Lyón en su obra Contra las herejías I 7,1, el gnóstico Ptolemeo enseñaba acerca de la consumación final: “Cuando toda la simiente [los gnósticos] haya alcanzado la perfección [al fin del mundo] dejará la región de la Mediedad y entrará en el Pleroma (...)siendo entero el Pleromala cámara nupcial
(...). Los espirituales se despojarán de sus almas y pasarán a ser espíritus inteligibles y entrarán sin tropiezos e invisiblemente en el Pleroma, destinados a ser esposos de los ángeles que están en torno al Salvador. Asimismo las almas de los justos [los creyentes normales, no gnósticos, que no tienen espíritu] hallarán el reposo en la región de la Mediedad, pues nada psíquico puede entrar en el Pleroma”.

• ¿SABÍAS QUE...

...en el Apocalipsis no aparece la palabra “venida” (en griego, parousía)? A pesar de ello, el texto refleja el mismo contenido y creencias que el resto del Nuevo Testamento en lo referente a la segunda venida de Jesús. De hecho, todo el final del libro está transido de los dos grandes combates entre el Cordero de Dios (Jesús) y el Diablo, cuya derrota es absoluta en ambos casos. Finalmente se produce la escena del Juicio Final, que preside el Cordero (capítulos 19-21).


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