sábado, 3 de noviembre de 2012

Gatos: su magia y misterio

Venerado por muchos pueblos o irracionalmente odiado por otros. Divinizado o temido como agente del diablo. Considerado benéfico o maléfico en las distintas épocas y culturas. Ni salvaje ni completamente doméstico. Ferozmente independiente, digno, elegante, jerárquico e impenetrable. El gato es el más insólito y misteriosos, pero también el más útil, de los animales domésticos.




La sensibilidad psíquica de los felinos les permite detectar fantasmas y pronosticar terremotos.


Hay cuentos cargados de simbolismo, como “El gato con botas”, que intentaban dar una imagen positiva y amistosa de este animal perseguido.

Se afirma que los gatos son capaces de absorber fluidos negativos de personas y lugares.
Hasta tiempos muy recientes, las autoridades eclesiásticasy las mentes superticiosas creyeron que el Maligno proporcionaba a las brujas, a través de los gatos , el poder de viajar por el aire.

DURANTE la Batalla de Inglaterra, muchos habitantes de Londres y de otras ciudades aprendieron a utilizar a sus gatos como sistema de alarma para conocer cuándo se acercaba un bombardeo. Observaron cómo, antes de que los aviones alemanes fuesen captados por los radares, sus pelos se erizaban y corrían hacia los refugios, comprendiendo que debían seguirlos sin perder tiempo. Gracias a ello se salvaron tantas vidas humanas que las felinos recibieron una medalla en reconocimiento a sus servicios.


Schul, Gaddis, Burton, Brown, Morris, Bozzano, Oldfield y otros autores nos cuentan otras fascinantes historias de gatos telépatas, clarividentes o dotados de habilidades que escapan a cuanto conocemos sobre ei mundo animal y que han sido estudiadas en laboratorio. El padre de la parapsicología científica, J.B. Rhine, ha estudiado cuidadosamente 50 casos de rastreo psi, en los cuales diferentes perros o gatos fueron capaces de localizar a sus dueños tras atravesar largas distancias, sin que se lograse encontrar explicación de cómo supieron hacerlo. Un ejemplo es la gatita Clementine, cuyos dueños se trasladaron desde Dunkirkj (Nueva York) hasta Denver (Colorado), dejándola en casa de unos vecinos, de donde se escapó para aparecer en el nuevo domicilio de sus dueños al cabo de cuatro meses, no quedando dudas sobre su identidad – entre otras razones – porque en sus patas delanteras tenía siete dedos. Otro caso bien comprobado es el deSmoky, un gato persa cuyos propietarios se trasladaron desde Oklahoma hasta Menphis, sin llevarlo consigo, para encontrárselo en esta ciudad al cebo de un año; un hábito característico del minino confirmó su identidad: cuando la hija de sus dueños tacaba el piano, Smoky se sentaba junto a ella y colocaba sus patas delanteras encima del teclado.

Hiperestesia felina
Hay gatos cuya lealtad se prolonga incluso más allá de la muerte, habiéndose observado cómo, tras sufrir sus dueños un accidente y ser enterrados, en ocasiones a bastantes kilómetros de su casa, los felinos se dirigieron hacia su tueba – sin que nadie se explique cómo supieron localizarle – para darles el último adiós a incluso para permanecer de por vida en el cementerio, se que los familiares fuesen capaces de sacarlos de allí. Existen también casos de gatos-fantasma, a los que mucha gente asegura haber visto u oído en los lugares que frecuentaron en vida. Otros gatos han demostrado su extraordinaria sensibilidad psíquica reaccionando ante apariciones que eran simultáneamente percibidas por humanos a en habitaciones de casas encantadas, donde los investigadores sentían bruscos descensos de temperatura que no eran detectados por el termómetro. Durante siglos ha sido creencia generalizada en numerosas regiones que los gatos son capaces de pronosticar con un comportamiento específico cuándo va a llover, o incluso cuándo se avecina un terremoto, lo que podría explicarse por una hipersensibilidad felina a los cambios meteorológicos o a los disturbios magnéticos. Pero también se han observado casos de gatos que parecen conocer perfecta e inexplicablemente la hora y el día de la semana en el que suceden ciertos acontecimientos sociales que suscitan su interés y provocan en ellos determinados comportamientos.

Un dios enigmático
Si estas habilidades u otras parecidas son, en ocasiones, compartidas por el perro u otros animales, el gato se diferencia de ellos por sus excepcionales características y por su extraordinaria historia, que le convierten en un animal mágico y misterioso por excelencia. La única certeza histórica sobre su origen es que el primer gato domesticado del que guardamos memoria aparece en Egipto tres mil años antes de Cristo, representado en pinturas funerarias, frescos, estatuas y sarcófagos. Las vastas necrópolis felinas donde se hallaron cientos de miles de cuerpos momificados de gatos que fueron utilizados por los ingleses como fertilizantes, permiten deducir la existencia de dos variantes de mininos domesticados: uno lo utilizaban como auxiliar de caza y el otro como animal sagrado de compañía y guardián contra ratas y serpientes.Los egipcios lo elevaron a su panteón, tal vez por su mirada enigmática que les hizo ver en él una manifestación del supremo principio divino: el Ojo Solar. De ahí que Ie llamaran mau, término que – si bien se considera derivado de sus maullidos – para los egipcios también significaba ojo. Un mito egipcio explica así su aparición: viendo a los hombres rebelarse contra su grandeza, el dios Ra decidió castigarles, enviando a la sanguinaria leona Sekhmet – que simboliza las plagas – para destruir a la especie humana. Pero luego sintió piedad, transformando a Sekhmet en la dulce y voluptuosa Bastet, diosa venerada con una máscara de gata, que representa la benevolencia divina, lo que la hizo muy popular.

Egipto aseguró la “inmortalidad” de sus divinos gatos momificándolos.

Para el esoterismo egipcio tanto Sekhmet (regente de la sangre) como su doble Bastet (diosa de la alegria, de la música y del erotismo) emanaban del corazón del cielo, la constelación del León, fuente de las virtudes celestes que los egipcios atribuyen a la vitalidad sanguínea y erótica. Según Heródoto, las fiestas de Bastet o Pasht constituían una de las más importantes efemérides egipcias, que congregaban en mayo a la décima parte de la población. Muchas de estas festividades se celebraban en Bubastis, ciudad sagrada fundada en el delta del Nilo para honrar a los gatos y a su diosa Bast, donde eran enviados para ser enterrados los cadáveres de estos felinos. Los sacerdotes locales consideraban al gato enroscado sobre si mismo el símbolo de la sabiduría y de la meditación, invitando a los neófitos a identificarse con éste durante su iniciación, para favorecer el pasaje a un plano de conciencia más elevado.Durante el trayecto, las multitudes danzaban al son de la flauta, emborrachándose y entregándose frecuentemente a desenfrenos sexuales, celebrando la victoria de la primavera sobre el invierno. Así pasa a ser el felino una representación agraria de tipo orgiástico, carácter que lo mantendrá como animal predilecto de las brujas, continuadores de prácticas que subsistieron a través de los siglos, lo que quizás explique la hostilidad hacia los gatos en el Cristianismo.

En cambio, entre los egipcios, el gato representaba el espíritu del bien, el amor, la maternidad y la fertilidad, convirtiéndose en el símbolo animal de la trinidad formada por la virginal madre Isis (de la que Bastet se considera una manifestación), su es poso Osiris (nacido de la gata sagrada Nout) y su hijo Horus, y – al igual que ellos se enfrentan a Seth, símbolo de las fuerzas destructoras – se representa al gato combatiendo Apophis, la serpiente-dragón de las tinieblas.
Tan preciados eran estos animales que la ley egipcia condenaba a quien matase voluntariamente a uno de ellos a ser lapidado por la multitud. Cuando se incendiaba un edificio, la preocupación principal de todos era salvar al gato – que se sentía misteriosamente atraído por el fuego, a diferencia de sus actuales congéneres – y si éste moría se untaban con sus cenizas, guardaban luto, rasuraban sus cabezas, se depilaban las cejas y mantenían prolongados ayunos, al tiempo que se celebraba una ceremonia fúnebre a la que asistían las autoridades locales. Al iniciar los persas la conquista de Egipto, sus tropas atacaron la fortaleza de Pelusium (Port Said) haciendo avanzar a los gatos a modo de escudos, obligando a los egipcios a rendirse sin combatir, por temor a dañarles. La exportación de los gatos estaba castigada con penas severas, y los múitiples intentos griegos de hacerse con ellos para acabar con las ratas dio lugar en uno y otro bando a las primeras redes de espionaje y contraespionaje. Finalmente la ocupación de Egipto por las tropas persas, aiejandrinas y romanas permitió la expansión progresiva del gato doméstico al resto del mundo.



Durante siglos, los gatos y el macho cabrío fueron considerados compañeros predilectos de las brujas.

Un diablo medieval
Aunque varias tradiciones mantienen que los primeros gatos salieron de Egipto y desembarcaron en la península Ibérica por culpa de Moisés, hacia el siglo XIV a. de C. Cuando éste cruzó el mar Rojo y sus aguas se abatieron sobre el ejército egipcio, el general griego Galsthelus que lo mandaba decidió evitar el oprobio de la derrota, marchándose con su esposa Scota, hija del faraón, sus familiares, amigos, sirvientes y pertenencias, estableciéndose en Brigantia, en el actual Portugal. Mil años después, su descendiente Fergus I navegó hasta Irlanda, llevándose todos los gatos. Fergus II conquistó el norte de la isia vecina, llamándola Scotta, en honor a su antepasada egipcia. Y asi es como los gatos llegaron a España, donde siempre fueron muy queridos y jamás sufrieron persecución, y donde se recuerda a ambos reyes legendarios. Los clanes escoceses – el más antiguo de los cuales es el de Chattan – derivan su nombre de la palabra catt (gato), que es de origen celta, y muestran gatos rampantes en sus escudos, como hicieron algunas de las cohortes romanas que se instalaron en Egipto. Pese a que, ya a mediados del siglo V, demostró su eficacia al combatir a las ratas grises, portadoras de la peste e importadas por los hunos, el gato doméstico no se hizo habitual en la Europa continental hasta las Cruzadas, cuando los caballeros los trajeron de Tierra Santa, regalándoselos a las monjas, a quienes las ratas hacían la vida imposible.

El gato salvaje era el animal de Freya, diosa nórdica del amor y la belleza, consagrado a la griega Afrodita y asimilado a la Diana galorromana, divinidades asociadas a la fecundidad. Esa asociación del felino con el principio femenino y con los ritos paganos de la fertilidad se mantendrá durante la persecución de los gatos, promovida por los eclesiásticos, que les presentaban como manifestaciones diabólicas o como compañeros de las brujas, hasta el punto de que la palabra inglesa hell (infierno) parece provenir de Hel, el nombre germánico de Freya.
Debido al deseo de exterminar o asimilar hasta el último de los vestigios paganos que permanecían enraizados en la cultura popular, y de eliminar las diversas corrientes heréticas, satanizándolas, el gato se convirtió en victima de los miedos, el fanatismo y totalitarismo de la ortodoxia religiosa imperante. La consecuencia generalizada fueron las famosas ceremonias del fuego celebradas en casi toda España y presididas por las autoridades eclesiásticas, que cubrieron en ellas con un barniz cristiano viejas fiestas paganas. En la época de la siembra o de la recolección agraria, los lugareños preparaban un fuego al que arrojaban los gatos vivos y luego extendían sus cenizas por los campos o hacían que algunos animales pasaran sobre las mismas, convencidos de que así aseguraban su purificación y fertilidad. Desde el punto de vista mágico que rige todo rito, si los gatos – al exterminar las ratas – aseguraban la abundancia, ¡qué mejor víctima que ellos para favorecer las cosechas! Los fuegos eclesiásticos fueron haciéndose extensivos a las más importantes fiestas cristianas. En toda Francia se generalizó la quema de gatos en la fiesta de San Juan, convirtiéndose en la más importante de las festividades parisinas y siendo el propio rey quien prendía el fuego.

Fuego, peste y herejías.
Para acabar con los brujos que se sospechaba podían posesionarse del cuerpo de un gato, en el año 962 fue instituido en Metz el miércoles del gato, durante el curso del cual – al inicio de cada cuaresma – 13 mininos eran lanzados vivos – con gran pompa – a una gigantesca hoguera, en la plaza mayor. En el 961, el Conde Balduino III implantó la ceremonia del Kattestoet. Cada año, el segundo sábado de mayo, se arrojaban dos o tres gatos vivos desde las torres del castiilo belga de Ypres, para proclamar la renuncia de todo el pueblo a sus antiguas prácticas paganas. Esta bárbara tradición subsistió hasta la primera guerra mundial, siendo sólo interrumpida durante las ocupaciones extranjeras. En 1938 se reinició dicha fiesta que cuenta con gran arraigo popular y atrae cada año miles de visitantes, sólo que ahora los gatos negros que se lanzan a la multitud son de peluche. En 1022 los teólogos consideraban al gato una de las manifestaciones principales del Espíritu del Mal, junto con el sapo, el macho cabrío y el perro, que reaparecerán luego como animales de compañía o familiares de las brujas. El prelado inglés Walter Map, la máxima autoridad eclesiástica durante el reinado de Enrique II Plantagenet, aseguraba que, durante las ceremonias de los valdenses aparecía de pronto un enorme gato negro, cuya mirada apagaba todas las luces del recinto; hacía entonces reconocer a sus adeptos su identidad con el Diablo, exigiéndoles que le besasen bajo la cola como homenaje y dando paso a una orgía en la que se permitían todos los excesos. Una acusación similar se repitió durante el sangrante proceso que sufrieron los Templarios.El teólogo Alain de Lille aseguraba que el gato era la figura central de todos los cultos heterodoxos, afirmando que cátaro procedía del latin cattus (gato) y concluyendo que los cátaros no eran más que adoradores del diablo. El Papa Inocencio III declaró herejes a los cátaros y al gato un instrumento diabólico y animal impuro, por lo que cuantos poseían estos animales resultaban sospechosos de herejía; cientos de miles de gatos fueron quemados, hervidos o crucificados. Como consecuencia de ello, las ratas que viajaban en los barcos de los cruzados extendieron con celeridad la peste bubónica, que se cobró entre sus victimas al propio Inocencio III y diezmó la cristiandad.

En las islas Hébridas escocesas persistieron hasta mediados del siglo XVIII los taigherm, ritos neopaganos, en los que los mininos eran consagrados al demonio, para luego ser quemados a fuego lento. Después del último alarido emitido por un gato sacrificado, no podía transcurrir mAs de un minuto hasta que fuese quemado el siguiente. El oficiante tenia que ofrecer este sacrificio sin comer, beber ni descansar, durante cuatro días consecutivos, hasta que el diablo aparecia como un espantoso gato negro, profiriendo amenazas y, finalmente, para evitar que siguiese la inmolación, el demonio cumplía los deseos del sacrificador o les otorgaba extraordinarios poderes mágicos. El pacto con el diablo dejó de ser atribuido a grupos específicamente heréticos en el siglo XVI, para ser patrimonio de individuos que se reunían en asambleas presididas por un gato negro u otra entidad con orejas de gato – tras franquear grandes distancias – gracias al poder de viajar por los aires, que éste les otorgaba.

Ante la feroz persecución que padeció, apenas se entiende cómo pudo asegurar este animalito su supervivencia y su calidad de amigo del hombre en Occidente. Ella se debe a que contó con la simpatía de algunos sectores; así lo atestiguan una serie de leyendas y cuentos cargados de simbolismo esotérico que insisten en la utilidad del gato históricamente, todos los periodos en los que han proliferado desproporcionadamente las ratas correspondieron a las épocas que siguieron a las matanzas de gatos, trayendo disentería, hambre y epidemias de peste.

Un animal benéfico
La Marina escapó a los nefastos efectos de la desaparición de los gatos, ya que los marineros estaban convencidos de que – además de cuidar la carga y las provisiones – protegen al barco de las tempestades, levantan el viento y actúan como amuletos. Las compañías de seguros se negaban a indemnizar a los armadores contra las ratas si no llevaban dos gatos en el barco afectado.

Viendo que el gato se lavaba continuamente, se convencieron de que era el único animal que no portaba gérmenes, convirtiéndose en el predilecto de sus hogares, al tiempo que el gato negro se convirtió en símbolo de la suerte y en emblema de la Loteria Nacional Francesa. Lo curioso de esta trágica historia, es que la insólita evolución que convirtió en Europa a este animal en aliado de Satán no se produjo en casi ninguna otra civilización. Pero todas ellas le hicieron participe de sus tradiciones religiosas. Y es que el gato ha sido y sigue siendo el símbolo por excelencia de la magia y del misterio, tanto para muchos de quienes están en su secreto, como para quienes le contemplan como un ser inapresable. ¿Quién no ha tenido alguna vez la sensación – como Maupassant – de «amar y detestar a estos animales encantadores y pérfidos».

ADMIRADO EN ORIENTE
EN el Islam se observa con aprecio al gato, ya que contaba con el afecto de Mahoma._ Los musulmanes le atribuyen un nacimiento sobrenatural y una leyenda pretende que, viendo que las ratas incomodaban a los pasajeros del Arca, Noé pasó su mano sobre la frente del león que estornudó, expulsando por su boca una pareja de gatos. Por todo ello, la tradición islámica considera al gato como un animal muy favorable, siempre que no sea negro. Un minino perfectamente negro posee cualidades mágicas, y se come su carne para librarse de un conjuro mágico; su bazo colgado de una mujer detiene las menstruaciones; con su sangre se escriben poderosos conjuros.

En Extremo Oriente se atribuyeron al minino poderes mágicos, La excepción es Camboya, donde a veces es visto como un servidor de los infiernos. Tanto en este país como en Indonesia se le sumergía en una charca, se le regaba con agua o se le obligaba a atravesar un rfo para forzar a los dioses a conceder la lluvia necesaria. En India es muy respetado y simboliza la beatitud del asceta, por su aparente indiferencia ante el mundo exterior.En China se le veneraba y se le consideraba un animal benefactor y signo de buena suerte, que encarna todas las virtudes del Taoímo, considerándose su partida la irrupción de la desgracia en el hogar que habitaba, pero también se le sacrificaba y sepultaba para garantizar la buena cosecha. Los adivinos de la corte imperial observaban su agitación y los guiños de sus ojos como posibles augurios de catástrofes naturales.En Japón, pese a que se le aprecia mucho por los servicios que ha prestado, es considerado un animal de mal augurio, capaz de matar a las mujeres o de adoptar su forma.
En África Central, los brujos-curanderos confeccionaban muchos de sus saquitos de medicina con la piel de un gato salvaje. Mientras para los indios Pawnees de Norteamérica, éste es un símbolo de dirección, reflexión e ingeniosidad. Lo ven como un observador, magno y ponderado, que consigue siempre lo que se propone. Por ello lo convirtieron en un animal sagrado que no puede ser matado más que con fines religiosos y observando para ello ciertos ritos.

PURIFICADOR DE LAS ENERGIAS NEGATIVAS
Cómo nació el gato doméstico es un enigma que la zoología no ha logrado resolver satisfactoriamente. Las teorías científicas coinciden en que nació en el norte de África durante la prehistoria, fruto de la mutaci6n o del cruce y domesticación de algún felino salvaje. Dado que, tanto las mitologías egipcia y peruana como otras tradiciones aseguran que el gato vino acompañando a los dioses civilizadores, algunos fijan su procedencia en las estrellas o en la desaparecida Atlántida. Los egipcios le consideraban el sinbolo de la naturaleza, la fertilidad, el amor y la salud, ya que quitaba los venenos del cuerpo. Una tradición asegura que un genial veterinario, alquimista y sacerdote de Ptah, lo habría creado por mutación de un animal semisalvaje. Basándose en ella, Jean Louis Bernard, estima que el gato fue creado con la intención de que sanease los ambientes, atrayendo hacia sí – como un imán – los residuos psíquicos que los polucionan y que el gato absorbe y asimila, al igual que hace con los fluidos negativos de las personas enfermas. Tan arriesgada afirmación puede encontrar apoyo en las modernas investigaciones de los geobiólogos sobre la influencia de las diversas radiaciones en nuestra vida cotidiana. Según ellos, el gato elige para descansar – además de los lugares física o afectivamente cálidos – aquellos puntos de fuerte intensidad energética, en los que él se recarga, pero que resultan contraproducentes para los humanos, comportándose como una esponja que absorbe y purifica las influencias de su entorno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario